Alicia, perdida en el país de los abogados

Alicia, perdida en el país de los abogados

“No tiene utilidad volver a ayer, porque entonces era una persona distinta”

Alicia. Alicia en el país de las maravillas.

 

El mundo cambio y sigue cambiando, en forma constante y continua. En forma veloz y vertiginosa, los cambios son imperdibles y no lineales.

 

La profesión del abogado, tal como loa conocíamos hasta ahora se encuentra en jaque. La acumulación de conocimientos, normas, doctrina y jurisprudencia no son tan valoradas ni necesarias, por la irrupción y el avance de la tecnología y lo sistemas de software que cumplen la función de tener disponible esa información en forma rápida, eficiente e inmediata.

 

Actualmente no es necesario mostrar grandes conocimientos como valor agregado de los abogados. Actualmente tener un cierto grado de expertisse se da por descontado que debe ser un activo del abogado.

 

Para los clientes no es hoy un valor agregado que los abogados hablen varios idiomas, que puedan dar respuesta rápidas a sus consultas, ya que como he dicho antes, las nuevas tecnologías dan respuesta en tiempo real, y con mayor efectividad. Incluso el propio cliente muchas veces cuenta con los sistemas que le proveen las respuestas.

 

Cual sería entonces el valor agregado del abogado en el mundo actual?.

 

Un abogado humano.

 

Algo que hemos dejado descuidado y sin desarrollar en esta profesión, en virtud que las necesidades y da capacidades requeridas eran diferentes. Hoy muchas solucionadas por la tecnología y otras que ya no son tan valoraras por las nuevas generaciones.  

 

El abogado humano, tiene la capacidad de gestionar conflictos complejos, entender las emociones que están detrás de los intereses y las posiciones de las partes, tiene un mirada integral del mundo y los cambios sociales y culturales. Comprende las acciones y dimensiones de los estados de ánimo individuales, grupales y colectivos, tiene un conocimiento profundo de la naturaleza humana, porque ha hecho su propio viaje heroico para conocerse a sí mismo.

 

Es un abogado que está conectado con su propósito, con su “abogar” y desde ese lugar  conecta con el cliente, para el abordaje de la resolución del conflicto. Es un abogado que es “valorado” por el cliente, es querido, y es respetado. Pero a diferencia del abogado del viejo paradigma, en el cual el respeto y el valor, estaban signados y dados por los conocimientos, diplomas, y/o reconocimientos académicos, en este nuevo paradigma, el valor y reconocimiento de este abogado se encuentra signado por sus valores y comportamiento humano.

 

Hay otro punto importante para destacar.

 

Los abogados humanos estarán preparados y solo ellos podrán ser artífices de la gestión de los conflictos humanos, cada vez más complejos, intensos y de difícil solución. La tecnología nos puede ayudar, pero la gestión y resolución de conflictos actuales, no lineales, requieren de un abogado que comprenda la complejidad del ser humano, como factor importante de la cuestión a analizar o el conflicto a resolver.

 

Hay un gran futuro para los abogados humanos, porque el mundo necesita muchos pero muchos abogados con estas capacidades. Abogados conectados con el propósito de “abogar por un mundo mejor”, ya que el aumento en los conflictos, la intolerancia, la falta de escucha y la separación siguen liderando las agendas personales, grupales y colectivas, y si bien la tecnología nos ayuda, conecta y aliviana ciertas tareas, por el momento no reemplaza al ser humano que se encuentra dentro o detrás del título de abogado.

 

“Solo unos pocos encuentran el camino, otros no lo reconocen cuando lo encuentran, otros ni siquiera quieren encontrarlo.”

Lewis Carroll – Alicia en el País de las Maravillas

 

Rossana Bril

05.11.2019

Abogados en un nuevo paradigma